lunes, 21 de diciembre de 2020


"El fútbol es mi vida desde que tenía cinco años y jugaba con los niños en la calle". Fayza Haidar ha ido quebrando desde entonces todos los techos que encontró a su paso. Primero, cuando era una cría, derrotó las reticencias de familiares y técnicos hasta enrolarse en un club de fútbol masculino; luego, llegó a ser capitana de la selección nacional; y, ahora, a sus 36 años, acaba de convertirse en la primera entrenadora de un equipo de jugadores varones.

"Me he enfrentado a muchos desafíos. Al principio la sociedad no aceptaba la idea de que una chica pudiera jugar al fútbol. Mi familia, originaria del alto Egipto [sur del país], también lo consideraba algo exclusivo de hombres", relata Haidar en conversación con EL MUNDO en uno de sus contados recesos. Hace unas semanas firmó como técnica del Ideal Goldi, un equipo del populoso distrito de Giza que milita en la cuarta división de la liga local. Un hito en un país en el que el fútbol despierta casi tantas pasiones como la religión. Haidar se ha abierto camino por territorio de hombres sin titubeos, sin pedir permiso.

"Superé los retos. Conseguí convencer a mi madre y terminé jugando. El mayor problema entonces fue el dinero. En los años noventa era difícil poder comprarse dos calzados, uno para la escuela y otro para entrenar a diario en el club", evoca la joven. Su salto de la calle a la pista sucedió a pesar de todos los rechazos iniciales, torciendo el brazo de los más obstinados.

Gritos de "¡Vuelve a la cocina!"

"Recuerdo que fui con mi hermano a un club. El entrenador no me aceptó en el equipo hasta que se dio cuenta de que era mejor que mi hermano. Cuando descubrió que tenía más pasión por el balón que el resto de chicos acabó cediendo. Así fue cómo jugué contra las categorías inferiores de los clubes más conocidos de Egipto, desde el Ahli al Zamalek o el Enppi", desliza. Su trayectoria fue en paralelo a los primeros pasos del fútbol femenino en la tierra de los faraones. "En 1997 participé en la primera liga femenina con el club de Helwan [un arrabal al sur de El Cairo] y al año siguiente accedí a la selección nacional. Fui la benjamina. Tenía 14 años y llegamos a disputar la Copa de África por primera vez en la historia".

Una biografía de triunfos personales a la que sumó hace una década su apuesta por transformarse en técnico, confirmada por un título certificado por la Premier League británica. Curtida por años lidiando en las categorías más ingratas del deporte amateur, Haidar ha irrumpido ahora en la liga profesional con la determinación de seguir escalando pese al desconcierto que aún suscita su presencia en terreno hostil.

"Cuando comencé la carrera como entrenadora, había muchos hombres que no podían asimilar la idea de que una mujer les guiara. Uno de ellos me dijo literalmente: 'no puede ser que una mujer nos entrene. Yo no lo tolero'. Me acaba de suceder otra vez en el Ideal. El primero que me lo dijo acabó aceptando mi autoridad tras los dos primeros entrenamientos, cuando percibió mi experiencia y mi agilidad y supo que gracias a mi desarrollaría sus habilidades y tendría mejores oportunidades", replica baqueteada ya en la batalla. En su carrera, no han faltado los golpes. "¡Vuelve a la cocina!", le lanzaban los aficionados del club rival cuando se percataban de que una fémina marcaba el ritmo desde el banquillo.

"Sigue habiendo mucho desconocimiento. Muchos egipcios no saben que existe el fútbol femenino en nuestro país. Nos falta cobertura mediática. Estamos faltas de apoyo y recursos", murmura Haidar, que estudió administración de empresas en una universidad de El Cairo y prepara ahora su tesis. "Es importante tener en cuenta la parte financiera. Necesito sacar adelante tres trabajos para tener un sueldo. Si el club me diera un salario decente, podría dedicarle todo el día y eso se reflejaría en los resultados", subraya quien sueña con lograr una oportunidad para formarse en las grandes ligas europeas.

"Tal vez Italia o España. Me gustaría aprender en un club pequeño de allí y luego regresar a Egipto para trabajar en la primera o la segunda división", esboza. De momento, mientras a los sueños les da por cumplirse, Haidar vive volcada en la rutina. Los lunes, desde las 14 hasta las 17 horas, entrenamientos. Los viernes, partido. "Si pudiera conseguir la promoción del Ideal, tendría más oportunidades de seguir creciendo", dice.