jueves, 19 de noviembre de 2020


 

Era el 5 de mayo de 2018, en Seattle, cuando Albert Pujols bateó el hit 3,000 de su carrera y los 36,977 aficionados en el Safeco Field les rindieron una prolongada ovación, que impresionó tanto al segunda base de los Marineros como para ilusionarse con la hazaña en el próximo lustro.

Robinson Canó que a los 34 años ya coleccionaba entonces 2,409 imparables, de ellos 519 dobles, 304 cuadrangulares, con una línea ofensiva de .305/.354/.494 y 64.4 victorias sobre jugador reemplazo. Un expediente perfecto para terminar en Cooperstown, adornado con ocho Juegos de Estrellas, cinco Bates de Plata y dos Guantes de Oro y que lo colocaba en más de una estadística por encima de mitos de la posición, como Joe Morgan, Roberto Alomar y Ryne Sandberg.

Pero 10 días más tarde el petromacorisano, héroe del Clásico Mundial de Béisbol en 2013, dejó boquiabierto al mundo del béisbol y comprometió su legado al conocerse que en su orina se encontró Furosemide, sustancia prohibida porque actúa como agente enmascarador de esteroides.

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE