miércoles, 8 de julio de 2020

Con 18 años, recién salido del bachillerato y viviendo en un estrecho apartamento con sus padres y hermana en El Bronx, Pedro Álvarez introdujo su nombre en el sorteo de 2005, los Medias Rojas lo tomaron en la ronda 14 y le ofrecían un bono de US$850,000. Pero su padre prefirió seguir taxiando y que su hijo optara por irse a estudiar a Tennessee, donde fue compañero de David Price.
Tres años más tarde, un Álvarez con casi un título en negocios en la Universidad de Vanderbilt regresó al draft donde fue la segunda selección (solo detrás de Tim Beckham), consiguió un bono de US$6 millones de los Piratas y, si bien jugó en Grandes Ligas por última vez en 2018 con 31 años, cobró US$21,200,000 en nueve temporadas.
Por años, y ha sido una práctica que se ha incrementado en la última década, familias dominicanas han optado por abrir el abanico de opciones de hijos con habilidades para el béisbol, gestionándoles becas en los Estados Unidos, un mercado más competitivo, pero donde el sistema formativo ofrece más tiempo para el reclutamiento, además de la formación educativa que brinda.

CREDITOS A DIARIO LIBRE