jueves, 19 de marzo de 2020

En teoría, los traumas de dimensiones impronosticables que ocasiona la pandemia COVID-19 a las Grandes Ligas y su sistema de desarrollo pueden tener repercusiones favorables para las ligas invernales 2020-2021 con respecto a la disponibilidad de recursos humanos.
Pero entre los equipos, manejados o propiedad de empresarios, son cautos, no cantan victoria y ponen en la ecuación las repercusiones económicas que puedan tener los efectos de la gripe, que ha cerrado por completo desde potencias económicas hasta países del tercer mundo, activando cláusulas de emergencia y catástrofe.
La fecha tentativa más reciente que trabaja la Major League Baseball para el inicio de la campaña es principio de junio, lo que confirmaría el parón de más de dos meses y plantearía calendarios de alrededor de 100 partidos. En ligas menores, salvo las ligas de novatos y Clase A temporada corta, el programa consiste de 140 encuentros en la fase regular, y se verían recortados hasta la mitad.
Un escenario que reduciría la posibilidad de que bateadores consuman 500 turnos y lanzadores trabajar 150 entradas, los umbrales que habilitan a la fatiga extrema bajo el Winter League Agreement y que sacan a esos jugadores de la fase regular.
Además de compensar el tiempo de juego que habrían perdido, los torneos otoño-invernal servirían para mitigar parte del dinero que dejarán de ganarse entre los meses de abril y mayo. El salario mínimo en la categoría novatos y Clase es US$290 a la semana, en AA sube a US$350 y en AAA US$502. Para 2021 se elevarán entre un 38% y 72% pasando a US$400 en novatos, US$500 en A, US$600 en AA y US$700 en AAA. Para jugadores en roster de 40 el mínimo sube a US$46,000 en el primer año y US$86,000 después del segundo. Los jugadores de AA podrían dejar de cobrar al menos US$3,150 entre abril y mayo, en tanto que los AAA perderían US$4,518 por el paro.
El efecto de 1994
Manny Acta, vicepresidente y jefe de operaciones de las Estrellas, lo ve de esa manera y lo hizo saber ayer a través del programa radial Grandes en los Deportes.
“Definitivamente que sí. Yo creo que algunos de los equipos también van a ser un poquito más flexibles porque si las ligas menores solamente se juegan dos meses y medio, tres meses quizás para el aceleramiento, el progreso de X prospecto o lanzador necesiten la liga invernal y yo creo que hasta muchos jugadores de las Grandes Ligas que quizás no tengan la cantidad de turnos o innings necesarios van a acudir a jugar en el béisbol invernal”, dijo Acta.
Ya en el torneo 1994-95 el circuito dominicano se benefició de la huelga de jugadores en las Ligas Mayores. Figuras como Sammy Sosa (que ya acumulaba un 30-30), Raúl Mondesí (Novato del Año de 1994 en la Liga Nacional) y Pedro Martínez (que venía de su primera campaña como abridor titular) vieron acción esa campaña en Lidom.
Pero ese 1994 el salario mínimo en el Big Show era de US$109,000 y el pago promedio de US$1,168,263, es decir US$171,149 y US$1,682,970 cuando se convierte al precio de hoy. Para 2019 el mínimo rozó los US$555,000 y la media llegó a US$4,360,000, unos desembolsos que son de las principales razones para alejar a los peloteros de las ligas invernales.
Dueños, cautos
Ejecutivos consultados por DL al respecto valoran el hecho de poder contar con más disponibilidad de talento local para el torneo 2020-2021, pero advierten que montar ese campeonato podría ser un gran desafío en caso de que las secuelas económicas que ocasione el coronavirus sean severas.
Ponderan que será un torneo donde no habrá la publicidad política como ocurrió en el pasado y que el Gobierno que asuma las riendas del país en agosto enfrentaría un escenario internacional complejo, lo que se podría traducir en una menor inversión en propaganda, un ejemplo que podría seguir el sector privado.
Si bien los directivos a los que consultó DL, que pidieron la omisión de sus nombres, mencionaron que contar con jugadores de cartel es un atractivo para el torneo y también representa un incremento en las nóminas.
En el torneo pasado salió a relucir que el Licey se resistía a pagarle alrededor de un millón de pesos al jardinero Arístides Aquino, quien se estableció apenas en 2019 con los Rojos de Cincinnati en la segunda mitad de la campaña. El mismo equipo azul, que con su condición de club atlético no tiene fines de lucro, fue centro de atención con el líder jonronero histórico, Juan Francisco, en torno a su salario que rondaría los RD$400,000-RD$500,000 por mes.