miércoles, 22 de enero de 2020

Ser un superequipo puede ser difícil. Es una lección que se transmitió desde el Miami Heat 2010-11 a Los Angeles Lakers 2012-13 a los Cleveland Cavaliers 2014-15, y que los LA Clippers aprenden esta temporada.
Su récord de 30-13 antes del partido del martes en casa de los Dallas Mavericks es muy bueno.
Ya han derrotado a los Lakers, líderes de la conferencia, dos veces. La mayoría de las casas de apuestas deportivas tienen actualmente a los Clippers como co-favoritos, si no los favoritos, para ganar el título.
Si miras el récord y las probabilidades de Las Vegas, pensarías que ha sido una travesía suave.
Pero no es así.
En ocasiones, durante el último mes, los jugadores expresaron su frustración por la falta de cohesión, el entrenador Doc Rivers mostró molestia por el esfuerzo menguante, y las lesiones siguen limitando la química.
Más que nada, toda la franquicia ha gemido un poco a medida que se acostumbra y vive con el concepto de gestión de carga.
No es solo Kawhi Leonard quedando fuera en juegos consecutivos para controlar el estrés en su rodilla.
Es un cambio en la mentalidad organizacional, sacrificar las metas a corto plazo con miras hacia la meta final.
El objetivo inmediato era el objetivo final de los Clippers en la temporada pasada, un grupo menos talentoso pero fajón que no podía darse el lujo de desperdiciar una posesión.
Esta temporada hay un aparato en sitio para sacrificar juegos completos. No hay duda de que este nuevo orden mundial contribuyó a la frustración que sintió Montrezl Harrell recientemente.
“No somos un gran equipo … Acabamos de unirnos este año para jugar juntos”, se quejó Harrell.
“Tenemos dos jugadores que no han sido parte de este equipo. Tenemos un jugador que ganó un campeonato de la NBA con otro equipo el año pasado”, agregó.