viernes, 24 de diciembre de 2021


 

El deporte tiene la facilidad de ser un reflejo de la sociedad.

Nuestro nexo a la competencia se estimula por ese dramatismo. En 2020, las historias fueron coartadas y se jugó en estadios desiertos. No fue lo mismo.

A lo largo de 2021, toda esa pasión volvió.El trasfondo: la eterna espera de ver a Lionel Messi consagrarse campeón con la selección absoluta de Argentina. La emoción: ver a la Pulga celebrar en el estadio Maracaná de Río de Janeiro tras la victoria 1-0 sobre su clásico rival, en la final de una Copa América que tuvo que esperar un año para su realización y apenas semanas antes cambió de país sede ante el avance del coronavirus en Sudamérica.

El trasfondo la rivalidad de años entre Tyson Fury y Deontay Wilder, completando una trilogía por el cetro de los pesos pesados. La emoción: una arena de Las Vegas vibrando cuando Fury calzó una potente izquierda para noquear a Wilder en el 11mo asalto.

El trasfondo: el siete veces campeón Lewis Hamilton remontando en las últimas carreras de la temporada en un fallido intento para contener a su retador Max Verstappen. La emoción: el asombro cuando chocaron en el Gran Premio de Italia, donde el Red Bull de Verstappen se encaramó encima del Mercedes de Hamilton.

El trasfondo: Simone Biles saltando en Tokio en procura de escribir una página histórica en los Juegos Olímpicos. La emoción: el silencio sepulcral cuando la gimnasta estadounidense se retiró durante la final de equipos, recibiendo después todo el cariño y respaldo global al señalar su salud mental como el causante.

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE