sábado, 26 de diciembre de 2020


 

El COVID-19 ha maltratado el negocio de las Grandes Ligas, como a gran parte del resto de industrias en el planeta. Jugar sin público en los estadios provocó miles de millones menos en la caja, exprimir al máximo lo que ingresó, ocasionó recortes de salarios, despido de personal y paralización de proyectos de expansión.

Una verdadera época de vacas flacas, como aquellos sueños que interpretó José al faraón egipcio en el Génesis, que lo convirtieron en el primer asesor fiscal registrado por el libro de referencia del cristianismo.

Pero hasta hace poco no fue así. La liga creció en un 700% en las tres décadas, en 1990 la auditora Ernst & Young cifraba en U$1,336 millones lo ingresado por el circuito de 26 equipos y en 2019 Forbes lo dejaba en US$10,700 MM con 30 franquicias. Un tramo en el que se facturaron unos U$155 mil millones, de lo que sobre el 40% terminó en cuentas de los peloteros.